Iba a escribir sobre la fascinación que tengo respecto al viernes 13 (o cualquier número que sumado dé como resultado 4). Sobre las fiestas locas que he tenido en esos días en que Jason se pone un poquito impertinente, donde ponemos dedos de plástico en el refresco de otros y hecemos maratones de películas de terror, donde nos dedicamos a espantar a las personas y a contar leyendas urbanas. Pero eso no es tan interesante. ¿Catorce de febrero? Tampoco, aunque tengo buenas historias, ya será luego.Hoy pasé toda la mañana durmiendo, la tarde cocinando, y la noche leyendo a Hans Christian Andersen y sus cuentos de hadas, de hecho, los cuentos los leo siempre en las noches-madrugadas ¿Para dormir con la idea de que todos fueron felices para siempre? Caray, no. En realidad, conforme avanzo tengo una extraña punzada en el estómago, como si me hubieran engañado toda mi niñez con que los descenlaces perfectos existen aunque sea en las famosas narraciones.
¿Cuántos de nosotros no los hemos leído o escuchado de ellos? Yo conocía Pulgarcita, El traje nuevo del emperador, La princesa y el guisante, El patito feo y El ruiseñor. Creía, como muchos, que las películas de Disney seguían fielmente la historia escrita (como si las malas adaptaciones de libros fueran acto de la modernidad) y que en días de desconsuelo lo mejor era refugiarte en la magia de los relatos que "siempre terminan bien". [Aquí es cuando la multitud se ríe de mí por ingenua o aparece Nelson y dice HA-HA!]
Estoy algo decepcionada, me rompieron mi burbuja.
Alce la mano el que conozca la historia de La sirenita ¿Cuántos? Ok. Ariel vive infeliz en el oceano, está enamorada de un príncipe y ella es una sirena: Un amor imposible. La bruja le cambia su voz por un par de piernas y le advierte que debe lograr un beso de verdadero amor antes de tres días. Luego, antes de que se ponga el sol el tercer día y mientras Eric está a punto de casarse con la bruja mala, disfrazada de doncella, se da cuenta de que fue Ariel quien lo rescato y se casan viviendo felices para siempre, ¿correcto? ¿Seguros? Pues NO.
Mmm ¿Cómo pudieron mentirnos así? ¿Cómo puede existir un cuento tan triste? La de Ariel era de las pocas historias de princesas que me gustaba y ahora...
En el cuento original todo avanza como la primera mitad de la película: La sirenita cumple quince años y finalmente le permiten subir a la superficie a ver las maravillas del mundo. Encuentra un barco con una fiesta (también es el cumpleaños 16 del príncipe) los mira divertirse mientras comienza una tormenta, el joven tiene dificultades para nadar, así que ella lo lleva abrazado acurrucado en su pecho, lo besa y lo deposita en la orilla de un templo. Después llegan unas damas y se lo llevan. Él cree que una de ellas, la de ojos azules como los de Sirenita, es su salvadora.
Su abuela le cuenta sobre los humanos:
-Sus vidas son más cortas que las nuestras. Nosotros llegamos a los trecientos años, pero, cuando dejamos de existir, nos convertimos en espuma del mar. Nosotros no tenemos alma inmortal, pero los seres humanos tienen un alma que sigue viviendo después de que el cuerpo se ha convertido en polvo.
-¿No puedo hacer nada para conseguir un alma eterna? -pregunta la sirenita.
-¡No! -dijo la anciana-. Sólo si un humano te amara de tal modo que llegaras a ser para él más importante que su padre o su madre; si todo su amor y todos sus pensamientos se derraman sobre ti y el sacerdote pusiera su mano sobre la tuya e hicieran un juramento de fidelidad por los siglos de los siglos, solo entonces entraría en tu cuerpo un alma y podrías gozar de la felicidad de ser humano. Él te daría su alma y al mismo tiempo conservaría la suya.
Sirenita sufre y le cuenta a sus hermanas del joven príncipe, ellas la llevan al palacio donde vive él y ella regresa siempre a mirarlo desde el mar. Un día va con la bruja del mar, que le dice:
- Llegas en el momento oportuno. Mañana, cuando salga el sol, no podría ayudarte hasta que pasara otro año. Te prepararé una bebida, y antes de que salga el sol nadarás hasta la costa, te sentarás en la orilla y te beberás mi poción, y entonces la cola se te rajará y se irá apretando hasta formar lo que los humanos llaman unas piernas preciosas, pero dolerá como si te estuvieran atravesando con una afilada espada. Todos los que te vean dirán que eres la muchacha más bella que han visto. Conservarás tu andar ondulante, no habrá bailarina que pueda igualarte, pero cada paso que des será como si pisaras un cuchillo afilado, y sangrarás. ¿Estás dispuesta a sufrir todo eso?
La sirenita accede a eso y a dar a cambio su voz ¡Ah, pero no canta en un caracol y ya! En realidad la bruja le corta la lengua, así que la deja muda para siempre. También le advierte que si el principe llegara a casarse con otra el hechizo se rompería y ella se convertiría en espuma del mar. Aún así, ella acepta.
¿Cuántas cosas nos han cambiado hasta aquí?
1. La bruja no era mala.
2. El rey no sabe nada de nada, y cuando lo sabe, no hace nada.
3. La sirenita no andaba feliz sobre sus piernas.
3. La sirenita no andaba feliz sobre sus piernas.
4. Pierde la lengua, no la voz en si.
La historia sigue: Toma la poción, el príncipe la encuentra en la playa, la visten, la llevan a un baile y ella, al no poder cantar, baila.
Todos quedaron fascinados, sobre todo el príncipe, que la llamó "mi preciosa huerfanita", y ella danzaba y danzaba, aunque cuando sus pies tocaban el suelo era como si pisara sobre afilados cuchillos. El príncipe dijo que quería que se quedara siempre a su lado, y le permitieron dormir a la puerta de los aposentos del príncipe sobre un almohadón de terciopelo.

Alce la mano el que encuentra esto ofensivo. Vaya, hasta aquí no parece muy romántico: Ella es la hija del rey del mar, la princesa más bonita, la que sacrificó su voz y su vida de trecientos años y, ¿para qué? ¿para que la hicieran dormir como un perro con buen pedigree?. Sigamos con la historia: Corrían rumores de que el príncipe debía casarse con la hija del rey vecino.
-Tengo que viajar -le había dicho el príncipe-. Tengo que ver a la hermosa príncesa, mis padres así lo exigen, pero no me obligarán a traerla a casa como mi novia. ¡No puedo amarla! No se parece a la hermosa muchacha del templo, a la que tú sí te pareces. Si alguna vez tuviera que elegir novia serías tú, mi muda huerfanita de ojos que hablan.
Y la besaba en la roja boca y jugueteaba con sus cabellos y ella apoyaba la cabeza en su corazón para soñar en la felicidad y el alma inmortal.
A la mañana siguiente el barco entró en el puerto de la ciudad del rey vecino. Bailes y recepciones se sucedían, pero la princesa aún no había llegado; estaba muy lejos, decían, en el sagrado templo, aprendiendo las virtudes de una reina. Por fin llegó.
La sirenita estaba ansiosa por ver su belleza y hubo de reconocer que jamás había visto figura tan hermosa.
-¡Eres tú! -dijo el príncipe-. Tú, la que me salvó cuando yo yacía como un cadáver en la playa -y apretó entre sus brazos a su ruborosa novia-. ¡Oh, qué feliz soy! -le dijo a la sirenita-. Ha sucedido lo mejor que yo hubiera podido esperar. Alégrate de mi felicidad, porque tú me amas más que nadie.
Y la sirenita le besó la mano mientras se le rompía el corazón. A la mañana siguiente de su boda moriría y se transformaría en espuma de mar.
Repicaron las campanas de todas las iglesias. Los sacerdotes movían los incensarios mientras el novio y la novia se daban la mano y recibían la bendición del obispo. La sirenita estaba vestida de seda y oro y sostenía la cola de la novia, pero sus oídos no escuchaban la música festiva, sus ojos no veían la sagrada ceremonia, solo pensaba en la noche de su muerte, en todo lo que había perdido en el mundo.
En la noche las hermanas van a verla. Ya no tenían cabellos, se los habían cortado y dado a la bruja a cambio de un cuchillo. Con eso la sirenita tenía que matar al príncipe, enterrárselo en el corazón y dejar que su sangre caliente cayera por sus piernas; así, ella volvería a ser una sirena y podría vivir trecientos años. ¡Apresurate, mira esas líneas rojas del cielo! Dentro de unos minutos se alzará el sol y morirás.
La sirenita levantó el tapiz púrpura que cerraba la tienda y vio a la hermosa novia con la cabeza apoyada en el pecho del príncipe; besó su bella frente, miró al cielo, donde cada vez eran más visibles los rayos de la aurora, miró el afilado cuchillo y volvió a clavar sus ojos en el príncipe, que pronunciaba entre sueños el nombre de su novia: solo a ella tenía en el pensamiento. Y el cuchillo tembló en las manos de la sirena... y entonces lo arrojó muy lejos, hacia las olas, que brillaban enrojecidas, como si hubiera caído sangre en el agua. Miró otra vez al príncipe, con los ojos casi vidriosos ya. Se arrojó al mar y sintió como sus miembros se iban convirtiendo en espuma.
¿El fin?
Salió el sol sobre el mar, pero la sirenita no sentía la muerte, miraba hacia el claro sol y vio que encima de ella flotaban cientos de seres transparentes y bellísimos. La sirenita se dio cuenta que ella también tenía un cuerpo como el de aquellas figuras y notó que se elevaba más y más entre la espuma.
-¿Quiénes son ustedes?
-¡Las hijas del aire! -respondieron las otras-. La sirena no tiene alma inmortal y no puede tenerla si no es por el amor de un ser humano. Tu existencia eterna depende de extrañas fuerzas. Las hijas del aire tampoco tenemos alma, pero podemos conseguirla haciendo buenas obras. Cuando hayamos pasado trecientos años haciendo todo el bien que podamos, conseguiremos un alma inmortal y participaremos de la felicidad eterna de los humanos. Tú, pobre sirenita, has intentado conseguir con tu corazón lo mismo que nosotras, has sufrido y padecido, te has elevado así hasta el mundo de los espíritus aéreos, y con tus buenas acciones podrás conseguir tú también tu alma inmortal dentro de trecientos años.
Y la sirenita alzó sus claros brazos hacia el sol y por primera vez supo lo que era una lágrima. En el barco volvía a haber ajetreo y animación, vio al príncipe buscándola junto a su hermosa novia, miraron con tristeza la burbujeante espuma como si supieran que ella se había arrojado a las olas. Sin que la vieran, besó la frente de la novia, le sonrió a él y ascendió con las hijas del aire hacia la nube rosada que flotaba en el aire.
Fin





















5 comentarios:
Con razón Disney cambió tanto la historia.
Esta historia que tú transcribes es muy cruel y, como tú dices, no es un final feliz lo que la acompaña.
A Disney le gusta llenarnos la mente de historias bonitas, con hombres fuertes y amorosos y con mujeres bonitas y delgadas (y luego se preguntan que por qué se da la anorexia y bulimia, je).
Yo también creía que lo que veíamos en las películas de Disney era exactamente lo mismo que en los libros.
Mal plan.
No ma, recuerdo que esa version de la sirenita me la pusieron en el kinder, y lo recuerdo perfectamente por que para mi edad fue la historia mas triste que habia visto. Cuando se vuelve espuma puse cara de QUE!? Por que?! Noooooooo!!! De cierta forma disney hace bien, no tendrian exito de poner ese tipo de historias a los niños, ademas de que los niños luego hasta traumados saldrian XD
Para qué? Si de todos modos los traumas se adquieren tarde o temprano -_-
Pero ahora que sé la verdadera historia de la sirenita diría que realmente sí es un trauma grande. Cortarle la lengua a la sirenita? Incluso si regresaba a ser sirena no podría hablar nunca más...
En fin, yo creo que hay pocas películas las cuales sean mejores que los libros en el que fueron basados (no recuerdo alguna, solo que abro la posibilidad a que todo pueda ocurrir), pero en general prefiero la palabra escrita =9
uhm,, yo recuerdo que en el cuento de la cenicienta, sus hermanastras se cortan los talones para les quede el zapato. tambien el cuento de caperucita roja, tenia un tono mas oscuro pero ese si ya no recuerdo cual era, en fin.
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