
Odio febrero. Es uno de esos odios que casi siempre son mutuos; de hecho, éste lo es. Que nadie me culpe por mi rechazo hacia un espacio en el calendario, un mes insignificante. El desagrado va más allá de la simple paranoia: Febrero comenzó a portarse mal conmigo desde antes, cuando yo era una adolescente llena de inocencia y mejillas sonrosadas.
Casi siempre me pasan cosas malas en Febrero y siempre empiezo el mes enferma. Este año lo empiezo con gripa, no cualquier tipo de gripa, digamos de las inofensivas, sino de las que sientes que fuiste abducido por extraterrestres y en cualquier momento vas a parir un alien. Además están las jaquecas. Las detesto tanto como... bueno, no sé, es difícil encontrar un calificativo para algo tan doloroso. Y sí, las jaquecas iniciaron en Febrero, hace tres años, y de vez en cuando vienen de visita; Nunca han sido los huéspedes más amables; yo diría que son como estrellas de rock celebrando una fiesta en un cuarto de hotel.
El año pasado, veamos ¿qué pasó? En resumidas cuentas: Me despedí del único hombre por el que he sentido algo más que cariño, me torcí un pie, mi equipo perdió el Super Bowl, dejé de leer por gusto, dejé de escribir, empecé con las noches interminables de insomnio, me perdí el concierto de Dylan, cambiaron el número de teléfono de mi casa.
Terminada mi fase Scarlett O'Hara voy a comentar que ayer los Cardenales de Arizona perdieron el partido y yo teniendo mis esperanzas puestas en ellos Damn it! Los muchachos, por supuesto, iban a ir a celebrar, pero con eso de que estoy enferma y debo tomar medicamentos no es muy recomendable ir a beber con mis amigos. Me quedé en casa con la familia a verlo en la tele (no estuvo tan mal). Lo que sí hay que destacar es el partidazo que se aventaron ¡Y el jefe! Gran espectáculo de medio tiempo; Aunque yo prefiero el de U2 o el de los Stones. Clásicos.
En la imagen se muestra la fiesta que los gérmenes traen adentro de mí. Ja.





















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