8 abr 2010

Debo dejar de hablar con mi comida


En serio, algo raro sucede aquí arriba. Haciendo a un lado lo de hablar sola (la costumbre), creo que...
Por ejemplo, hace un rato estaba mirando un plato lleno de higos (y yo amo a los pequeños bastardos), entonces digo: "Hola, Señor Higo, ¿cómo anda usted? Ah, vaya firmeza la suya. Oh no, no podría. Bueno, si usted insiste ¡Caray, tiene razón, sus bíceps son enormes! ¿Ha estado ejercitándose? Tiene que contarme sus secretos... O tal vez puedo absorberlos. ¿Qué le parece si le presento a mi dentadura? No, no, no grite por favor, es sólo un gesto de cortesía. Vamos, no va a pasarle nada malo. Mmm... Sucker!"

"Hey, ¿Cómo te llamas? ¿En serio? Yo conocí un Señor Higo una vez, tú debes ser otro. Por cierto, ¿qué habrá pasado con él? Es como si la tierra se lo hubiera comido. Casi no te escucho, ¿te importaría acercarte más? Más cerca. Más cerca. Ajá, Ajá... Mmm... ¡Vaya ingenuo!"

"Hola, hola, tú debes ser nuevo en el barrio. No lo tomes a mal, pero eres un higo enorme. Te llamaré... Frankie. ¿Sabías que yo solía tomar fotografías de frutos gigantes? De eso ya hace mucho tiempo. Pero déjame contarte de la vez que encontré la guayaba más grande de todo el frutero. Ajá, fue por allá de la época del guayababowl. No, yo no le hice nada porque, verás, yo respeto a todos los frutos de Dios. Sí, sí, sobre todo a los que tienen forma de gota y son deliciosamente moraditos... No, no digo nada. No me hagas caso, a veces digo tonterías. ¿Qué dices? ¿que si puedo mirarte de cerca para ver si sirves de modelo? ¡Claro! Mmm... Sweet! Los higos gigantes y crédulos son los más sabrosos."

"Eres el pequeño hijo del Señor Higo, ¿verdad? Lo noté porque heredaste sus mismos ojos. ¿Cuántos años dices que tienes? ¡No me digas! ¡Si pareces recién cortado del árbol! Tienes razón, todo es cuestión de madurez. ¿Cómo es que te dejaron tan solito aquí? Es un lugar peligroso para estar sentado, sobre todo en la noche. Muchas de ésas fresas son prostitutas, todas llenas de bacterias y enfermedades. Créeme, con sólo sentarte cerca de ellas podrías pescar una infección. Te lo digo como amiga, porque me importas: Nadie las ha desinfectado nunca. Ya sé que se ven rojas y sensuales, pero no debes dejarte engatusar. Pero qué vas a saber tú de la vida, siendo tan verde en algunas partes. Ven conmigo, yo te cuidaré... Ja... Sucker!"

"Ah, tú debes ser... Bah, ¡al diablo! Voy a comerte. Muajajajá... Te veré en el infierno."

Y me escaldé la lengua. Damn! El crímen no paga.

Y luego me entero de que le hago un favor al mundo.


De nada, gente. De nada.

6 comentarios:

Mar dijo...

Creo que debería dejar mi obseción por los mangos (fruta) y concentrarme en los ingenuos higos, ya que el mango es un ser peligroso, pues cuando te lo comes siempre busca la manera de salir de las manos y ensuciarte para dejar pruebas de que fue vorazmente deborado.

Anónimo dijo...

Hola, empezaré por decir que para nada soy fan de los blogs. No obstante, el tuyo me parece excelente disfruto enormemente tus posts, tienes un sentido del humor increíble.

He aquí un lector agradecido por el contenido gratuito que tan amablemente brindas, una pequeña compensación por todos los plagiarios que te hacen hervir la sangre.

Just remember, there's no such thing as a free meal.

Frédéric dijo...

Aww me encantó el último... Pero, ¿me creerás que no he probado uno desde hace ya 8 años? Ya no recuerdo su sabor.

Frédéric dijo...

Aww me encantó el último... Pero, ¿me creerás que no he probado uno desde hace ya 8 años? Ya no recuerdo su sabor.

Andrea dijo...

HAHAHA God hates figs, te ganaste tu pase directo a los cielos.

Alicia L. dijo...

Hablar con la comida es terriblemente delicioso.

Desgraciadamente, prefiero hablar con las plantas. Más cuando son crocantes, y cuando las rompes hacen ¡croash!.

¡Croash!
¡Croash!

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