
En mi escuela las secciones se encuentran bien limitadas. Cada edificio tiene un nombre o letra, pero los espacios no específicos son difíciles de encontrar; por eso, mi amigo Jona y yo tenemos los nombres no-oficiales de las áreas comúnes en caso de quedar en algún punto de encuentro.
Tenemos, por ejemplo, el Pasillo de la Muerte. Un lugar entre el edificio B y C donde los fumadores se reunen a disfrutar de un saludable cigarrillo. Siempre me ha sorprendido que puedes caminar por ahí pensando que el color original del piso es naranja y blanco, el olor es un buen indicador de que estas en el lugar correcto.
En las orillas de la facultad existe un rinconcito semiprivado rodeado de rejas del estacionamiento y paredes posteriores de laboratorios, es un área verde llena de árboles que crean muy buenas sombras y que los enamorados aprovechan para descansar sus agitadas mentes estudiosas, lo llamamos: el Bosque de la Concepción: "Lo que pasa en el bosque se queda en el bos... [¿no?]... se desarrolla en nueve meses"
A un lado de la cafetería, entre mesas y bancas de acero, se encuentra el Valle de la Pretensión, frecuentado por fauna identificable por objetos tales como: tableros de ajedrez, libros de filosofía, cartas de yu-gi-oh!, celulares hi-tech, balones de todo tipo. Todos los habitantes del valle se reconocen fácilmente por el clásico gesto "Estoy curando el cáncer. Favor de no molestar." Yo los admiro mucho.
Pensándolo bien, la biblioteca siempre puede ser un punto de encuentro, pero así no podríamos estudiar a tan fascinantes sujetos, ni burlarnos.
Apenas comentábamos la necesidad de un rincón de la cerveza ¡Éstos universitarios no tienen prioridades! Aunque ya trabajo en un plan para la verdadera educación. También nos falta un casino ¿para que hacer deporte si puedes apostar a profesionales?





















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