28 jul 2014

Incendio Forezzztal

 
Amo dormir. No es un secreto: Lo amo. Pero, la pasada semana, tuve que privarme de varias horas de sueño porque mi agenda estuvo a reventar. Hubo: Día de Coyoacaneo y teatro (Dom); Librería (Lun); Evento familiar y misa (Mar); Cine (Mié), Cine doble función (Jue); Limpieza, lavandería, cocinar y cine (Vie); Fiesta Hipster (Sáb); Cine (Dom).  Es porque la Cineteca tuvo dos ciclos que llevaba esperando: Ciclo Anime-La animación japonesa de posguerra y el de Cine de Frank Capra. Imperdibles.
 
A pesar de mi fuerte motivación, fue brutal porque no estoy acostumbrada a pasar tantos días seguidos rodeada de gente, sin dormir, sin televisión, leyendo poco. Ya sé que sueno como una cretina porque los míos no son problemas graves. Es más, ni siquiera son problemas. (No me estoy quejando, esto es una introducción.)
 
Lo que digo es que amo dormir y necesito de por lo menos nueve horas de sueño diarias para mantenerme medianamente bella y medianamente amable. Ahora, cuando me veo forzada a reducir a la mitad esas horas, debo recurrir a métodos de persuasión masiva para lograr estar lista temprano.
 
Lo que hago es iniciar juegos que yo misma invento para convencerme de arrancarme de la cama. Tengo por lo menos cinco, pero mi favorito es uno llamado "Incendio Forestal".
 
Incendio Forestal consiste en imaginar que estoy en un bosque acostada en mi cama. No en una cabaña en mi cama, sólo la cama. Con el dosel, porque no soy un animal. En fin, ¿dónde iba? Ah, sí. Cuando suena la alarma y la apago, inicia el incendio.
 
Mantengo los ojos cerrados, visualizando el fuego. Permanezco acurrucada entre las sábanas, abrazando posesivamente mi almohada y puedo ver las llamas lamiendo las hojas de las copas de los árboles al otro extremo del bosque. Y, como un estribillo, repito en mi mente: Todavía tengo tiempo.
 
El viento me permite oler el humo. Todavía tengo tiempo. Puedo ver a los animales silvestres pasar corriendo junto a mi cama para salvarse. Todavía tengo tiempo. Los pájaros vuelan en bandadas sobre mi cabeza. Todavía tengo tiempo. Puedo escuchar, en la distancia, el crujido de la madera al ceder ante el resplandor naranja. Todavía tengo tiempo.
 
Curiosa, me remuevo un poco, abro un ojo, me apoyo sobre mis codos para ver sin levantarme.  El incendio se acerca a una velocidad constante, pues no hay bardas ni construcciones de ningún tipo. Calculo y cierro los ojos otra vez (tuve que abrir el otro para hacer matemáticas). Tres campos de fútbol... Todavía tengo tiempo.
 
Los pájaros que me ayudan a vestirme me aconsejan que me levante. Los ratones tratan de empujarme fuera de la cama. Ha-ha, no pueden porque soy muy pesada para ellos. Gus Gus hace un comentario al respecto. Lo pateo rumbo al desastre. Sabe que carezco de sentido del humor en las mañanas. Un búho viene y se percha de la cabecera, me pregunta cuántas chupadas hay que dar para llegar al chiclocent- Ups. Le arrojé un zapato.
 
Dos campos de fútbol... Todavía tengo tiempo.
 
Sospecho que hay gente acampando en el bosque. El otro día vi a una chica de cabello salvaje murmurando cosas entre los árboles y apuntando una vara de madera aleatoriamente. Hippies. Otros dos chicos estaban con ella. El de los lentes trataba darle un pedazo de papel al búho. Mmm... Apuesto a que ellos causaron el incendio. Apuesto a que fue el pelirrojo. Por alguna razón parecía malhumorado.
 
Siento el calor, la pesadez del aire. El piso tiembla cuando los árboles se derrumban.    Mi cama ya no es un lugar seguro y debería levantarme.
 
Un campo de fútbol... Oh, carajo. Ya no queda tiempo.
 
Me volteo, pateo las cobijas, suspiro y me arrastro fuera del colchón. ¡Cielo santo, hay un incendio forestal! Corro a la ducha cuando todavía estoy atrapada dentro de mi fantasía (excepto que ahí me muevo hacia el arroyo situado a unos metros de mi cama y salto antes de pensarlo demasiado). Y, como el Robin Hood animado, me salvo en el último segundo. El oso canta, la gallina baila, el león-príncipe Juan llora.
 
Y yo tardé lo que el snoozer en levantarme sola después de sonar mi alarma. ¡Y mira, ya estoy bañada y lista para desayunar!
 
Ahora déjame que te cuente el juego que inventé para encender la cafetera...

1 comentario:

KuDaKi dijo...

Yo duermo poco y de todos modos no hago nada. Te envidio por tener el coraje de ir a ciclos de cine junto con un montón de gente desconocida; Internet arruinó mis ganas de trasladarme a un lado de una persona que no conozco y mi paranoia me dice que me juzga en todo momento, cuando algún alma caritativa ya subió la misma película y mi amigo google me ayuda a encontrarla, una lista mental se crea en mi cabeza de por que ir o no ir.

Yo... probablemente me quemaría. Eso que le haces a Gus no es de Dios, el búho se lo merece por pretencioso, pero Gus es adorable, es rechoncho y todos saben que cuando eres adorable y rechoncho no te mereces ser golpeado... excepto si estudiaste medicina pero terminaste frente a una farmacia bailando y regalando paletas ¿falta un campo de fútbol? ¿cuánto es eso? ¿Como quinientos metros? Ojalá usaras otra referencia, mis habilidades deportivas son ta útiles imaginariamente como en la vida real.

¿Ya es hora de dormir? Bien, me quedaré otro rato, avísenme cuando sea hora de despertar, por que entonces me tengo que ir a la cama antes de sentir el huarachazo de mi madre.

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