27 abr 2012

Es hereditario


Analicemos un día común y corriente en casa. Primero, una conversación con mi madre, que de la nada dice:

-¿No te gustaría trabajar en la aduana?
 

-¿Haciendo qué? ¿Manoseando las pertenencias de desconocidos y buscando drogas en los traseros?
 

-Ew. No. En absoluto.
 

-Oh. Entonces no me interesa.

Se ríe. Cree que bromeo. If only.


Más tarde, ella, mi hermana y yo estábamos viendo Kill Bill Vol. 2. Jazz, que tiene siete años (creo), mira con la boca abierta a Beatrix sufrir, recibir palizas, destrozarse los nudillos y ser golpeada con el bastón por comer con los dedos en vez de usar los palillos. Le cuesta trabajo asimilar la película, pero yo creo que nunca es muy temprano para educar cinematográficamente a los niños. Tarantino es un must; próxima semana El dormilón de Woody Allen (buena suerte a mis padres al explicarle el Orgasmatron). Total, al final del capítulo de Pai Mei mi madre rompe el respetuoso silencio de la sala, mira a mi hermana y dice: "Te voy a mandar con ése señor." Y, tan tranquila, continúa comiendo sus palomitas. 

A mí me dio un ataque de risa.  Mi hermana, en cambio, permanece callada. 

Sigue otro silencio largo. En los créditos, cuando Uma va manejando y las luces se encienden, Jazz responde: "Si me mandas con Pai Mei, cuando regrese nos arreglamos." Obviamente tenía en mente la técnica del Five Point Palm Exploding Heart.

¿Ves? Cómo se supone que yo no saliera toda smartass. Nos corre en las venas igual que la cafeína.

1 comentario:

Anónimo dijo...

dammit mo, por qué no escribes?!

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