
“Because even among contrarians, I’m a contrarian. But all of this is just words of bronze, third place rhetoric. What do I really mean when I say we want to shock society into awareness? Do we mean we want more originality and individuality? Less TV, more reading, writing, actual thinking? Less sheep, more shepherd pie? Yes, yes, and a little more pie, please. Oh, and some more sweet tea, too” ― Jarod Kintz, I Should Have Renamed This
El otro día mi amigo Jona estaba contándome las penalidades que carga sobre sus hombros. Resulta que su hermana se casa y él necesita desesperadamente una pareja para el evento. ¿Por qué es un problema?
Verás: Jona tiene la costumbre de presentarle cada romance pasajero a su familia, porque en el momento todas y cada una han sido la mujer de su vida; luego, después de que inevitablemente las bota, las pobrecillas regresan -cual gatos mojados de callejón- a su casa, pues su hermana decidió que son "chicas estupendas" con la mala suerte de haberse sentido atraídas por un cretino que no las merece. Probablemente la única chica estupenda que no le agrada a ella soy yo. Me imagino las razones: porque siempre he tenido demasiada autoestima como para regresar a los callejones, porque Jona y yo seguimos siendo amigos a pesar de todo, y porque puede que le haya ayudado a librarse de un par de ellas fingiendo que estábamos juntos y yo era la novia celosa defendiendo mi territorio.
Dios, ¡lo que daría por ser joven e insensata otra vez!
A final de cuentas, soy peor que él. Y ahora todas están invitadas. Y él tiene que ir. Y necesita apoyo moral para lidiar con ellas. Mientras me enumera a las ex que asistirán, empiezo a caer en la cuenta. ¿No conozco yo a alguien que pueda acompañarlo? ¿Alguien que se vea sensual en un vestido? ¿Alguien lista y valerosa capaz de mantenerlo a salvo? ¿Alguien a quien le guste el pastel, la barra libre y lanzar arroz al rostro de las personas con un verdadero motivo?
Esto último despeja mis dudas, obviamente está hablando de mí (y de la gran guerra del arroz del '05). Me da mala espina mentir, así que simplemente le recuerdo que yo me ausenté voluntariamente de la boda de mi único hermano. Una de mis personas favoritas, ¡bum! y me quedé dormida. ¿Por qué me sometería a desearle buenos deseos a gente que ni conozco? ¿A darme una ducha, ponerme ropa interior, maquillaje y preferiblemente pantalones? No, no suena al modo ideal de pasar un sábado. Luego comienzo a considerarlo desde la economía del asunto. Un sábado donde no tengo que pagar por mi licor, ni lavar vasos, ni preparar mis propias bebidas...
-¿Tenemos que llegar temprano? Agh, odio despertar antes del mediodía en fin de semana. ¿Estás seguro de que soy el último recurso?
-Muy seguro, mi pequella medalla de bronce. No puedo llevar a una mujer normal y presentársela a la familia. Conoces a mi familia, todos son esquizofrénicos seniles. Pero las mujeres son todavía peores. Algo les pasa a sus hormonas en las bodas ¿Lo has notado? Debe ser eso del reloj biológico. El vestido las hace pensar en lo que ellas usarían. Un simple comentario sobre las flores para hacer plática en lo que traen la comida las convierte en expertas floristas, y no has acabado de ponerte la servilleta en la piernas, te enteras de que ellas tienen planeados centros de mesa con claveles blancos. Están locas.
Pobrecillo, no es su primer rodeo.
-Supongo que sí. Yo también llegaría a esa conclusión sobre los claveles blancos. Elegantes -digo con sarcasmo-. ¿Quieres saber cómo sería mi boda?
Pone cara de exasperación, colocándome probablemente desde ya en la lista de las mujeres-locas-obsesionadas-con-centros-de-mesa-y-vestidos. Me dedica la clásica mirada de "¿Tú también, Bruto, hijo mío?" Arruga la nariz como muestra de asentimiento. Entonces comienzo mi discurso:
-Yo tendría una boda simple, casi secreta. Mi amado, la naturaleza y tu servidora. "La novia vestía una hermosa corona de lirios y narcisos... y nada más", diría nadie en particular. Quizás aceptaría usar un velo (en el fondo soy tradicional, ¿sabes?). Claro, no habría que preocuparse por invitados y sacerdotes. Subiríamos una montaña hasta llegar a un precioso claro lleno de margaritas. Él me llevaría en su espalda, a lo Edward Cullen. El sol se filtraría por entre las altas copas de los árboles e iluminaría la hermosa figura de mi desposante, adornada sólo con una elegante corbata de moño. Lo miraría a los ojos y sonreiría dulcemente. Diría algo como "Oh, cielo, finalmente estamos aquí". Él me besaría la mano y me conduciría al centro del claro. ¡Ah, sería el momento más perfecto de mi vida! Yo extraería dos copas de la canasta nupcial y las llenaría de vino ceremonial. El Dios Sol y la Madre Tierra sellarían nuestro pacto.
"Entonces yo destaparía la cápsula que llevo colgada al cuello como única joya, vertiría unas gotas en su copa y el resto en la mía. Procedería a levantar el exquisito líquido ambarino y recitar mi voto: "En la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte nos separe". Me llevaría la copa a los labios en un éxtasis casi divino. "De aquí a la eternidad" diría él, interrumpiéndome, antes de apurar el contenido entero de su copa. En un segundo caería sobre la hierba. Yo me arrodillaría junto a su cuerpo, tratando de postergar el inevitable final, diría: "Has sido el mejor esposo. Cumpliste tu palabra fielmente. Verás que Dios te lo recompensará... Salúdamelo." La última palabra me saldrá con la voz quebrada de dolor, con una lágrima recorriendo mi mejilla. ¡Oh, la futilidad de la vida!
"Perder al hombre más bueno me abrirá los ojos y arrojaré la copa contra la corteza de algún pino. Pero seré fuerte y me juraré de ahí en adelante aprovechar cada momento. Tomaré la botella y brindaré por eso. El Dios Sol y la Madre Tierra serán mis testigos. Otra vez (bueno, ya están vestidos). Cubriré el cuerpo con hojas. Oh, era tan hermoso. Dejaré algunas flores sobre el montón. "No te preocupes, amado mío, cuidaré bien de tus millones". Atesoraré mi corona de lirios y narcisos por siempre. Narcisos y lirios -repito para mí-. Bueno, mejor que claveles. Sí, supongo que tienes razón. En el fondo todas somos iguales.
Lo miro a los ojos para que me dé su opinión sobre mis gustos florales, mientras intento no reíme del silencio que acompaña su cara.
-¿Ves? De eso estaba hablando, Mo. Apúntamelo. Lo digo como brindis. O tú. Ya veremos quién se embriaga primero. ¿De dónde te inventas estas cosas?





















6 comentarios:
Has vuelto. Sé que no te importa pero te echaba de menos
Yo haría un bonito ritual antiguo, al estilo Justine en el monasterio...
Con crisantemos y hortensias.
Te molestaría demasiado prestarme tu idea, es que es infalible :D
Gusto leerte de nuevo
haber, no entendi la ultima parte, al final haces la de "THIS IS SPARTAAAAAAA!11!!one!1eleven!1" ?
Grecia: Claro que me importa. No me quita el sueño, pero se agradece.
Allizzia: ¿Justine, en serio? Muy vieja escuela, me agrada. Al menos a quien le menciones el monasterio pensará que es romántico. No recomiendo mencionar el autor.
Sam: depende de cuál idea. ¿La de la boda? No sé, me gustaría sorprender al CSI yo primero.
Anónimo: Si te refieres a que elegí desobedecer a los oráculos y reunirme con mi destino en las Puertas Calientes, entonces entendiste exactamente lo que quise decir.
http://lacrimascruentus.blogspot.mx/2012/03/tu-tambien-bruto-hijo-mio-arruga-nariz.html?showComment=1369233129833#c2837148350213101835
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