28 ene 2010

Tarde de déjà-vus


Hoy me desperté tarde porque no tenía actividades programadas; o sí, pensándolo bien, mi agenda indicaba: 9 a 1. Leer, 1 a 6. Leer, 6 a 7 Jim Jeffries' I swear to God, 7 a 10. Leer.

Toma aire, aquí viene el pero...

Peeeeeero, cuando salí de mi cueva, noté algo extraño: El desorden de la noche anterior se esfumó, y aunque yo sospecho que tenemos duendes, no creo que los pequeños bastardos verdes se pongan a limpiar por las noches, así que mi segunda teoria (menos realista, admitámoslo) es que un habitante humano acomodó todo desde temprano.

Prendí la computadora para escuchar música y escribí en el twitter: "Mi casa está exageradamente limpia. Mmm... My spidey sense is tingling..."

Y sí, después de bañarme, llegó mi progenitora a darme una explicación.
-Debbie llega al rato.

Damn. Lo sabía. Bueno, otra vez en las mismas. ¿Qué hacer? ¿Adónde ir? Empecé un monólogo para sopesar opciones:

-Al cine no, he visto media cartelera y la otra media apesta. Aunque quisiera ir, no tengo dinero. Las pocas monedas que tengo son para mañana viernes y para necesidades básicas cafeínicas. A la biblioteca tampoco, ya es muy tarde. Con mi abuela no, porque voy el sábado. Con Lily menos, ha de andar desvelada y afónica por el concierto de ayer. That lucky bitch. Podría ir a ver si está mi primo Alucard y tentarlo con un maratón de Family Guy o de Angel. ¿Qué día es? Jueves, ¿verdad? Bueno, los jueves Al termina temprano, podría llamarle... etcétera.

Tenía un plan.

Lo más importante era escabullirme antes de que llegara mi hermano con su novia. Ahorrarme los saludos raros y el escándalo del protocolo de bienvenida de mi madre. Primero comer algo, luego huir. Tenía al menos media hora, eso me dijo. Mientras, y ya que estaba vestida, ¿no podría yo ir a un mandado?

Fui a la recaudería por chiles, y cuando regresé ya estaban ahí. Los escuché desde afuera y me sentí tentada a dar media vuelta e irme. Pero una no puede sobrevivir de chiles... sin albur. Dije "Oh, crap" (mi elocuencia me abruma) y abrí la puerta. Ni modo. Comimos juntos con el escándalo de bienvenida, después de, claro, los saludos raros.

A mi madre le cae bien Debbie porque le recuerda a ella misma de joven. A mí también me parece que Debbie se parece a mi madre; por eso, por eso precisamente tenía que irme.

Al respondió a mi llamado, como siempre. Compadeciéndose de mí y de mi alergia hacia los desconocidos, me dio la opción de elegir nuestro paradero. Vaya elección de palabras que traigo hoy, pero suena mejor a destino. Lugar, pues. Le dije que tenía antojo de un café de "El Jarocho". Entonces fuimos a Coyoacán. Sí, nada más por un café. Caray, hasta ahora me doy cuenta lo suertuda que soy al tener gente que no cuestiona las locuras que se me ocurren.

Fue una tarde entretenida.

Miré libros por una hora, emocionada como monja frente a Benedicto, mientras Al esperaba pacientemente sentado en los escalones de la librería. De manera caballeresca ofreció comprarme uno, pero dado que tengo en casa tres de la biblioteca sin leer y uno en la bolsa, preferí negarme. El hecho fue interpretado como modestia.

También fuimos por el tan anhelado líquido.

Entre una cosa y otra, entramos a una papelería de esas muy grandes que tienen de todo. Creo que nunca lo he mencionado, pero me gusta mirar cuadernos y colores, lápices y acuarelas, básicamente todo lo que parezca salido de una lista escolar. El olor me pone contenta. Supongo que se realciona con mi infancia y lo mucho que me gustaba estudiar. Ya sé: Nerd! Aún ahora, cuando ando triste, entro a una tienda de dichos artículos y compro algo, lo que sea. Hace una semana, sin ir más lejos, compré una caja de lápices de dibujo 2H porque me gusta escribir con ellos. A veces compro cosas raras, como cajas de plastilina y paquetes de diamantina que vierto en bombillas eléctricas (odio la palabra 'foco') fundidas para hacer experimentos. Hoy compré marcadores del .4.

Espera, ¿cuál era el punto de la nota?

Ah, claro. Bien, el cielo se veía bonito, de tonalidades rosadas entre el chicle y el fuerte. Ibamos caminando hacia el auto y yo dije algo muy tonto, a lo que Al respondió con algo muy cursi, que no puedo transcribir porque, una cosa es que me gusten los cielos rosas, y otra muy diferente las conversaciones rosas. Dos palabras, seis letras.

Creo que voy a desaparecer un par de semanas. Otra vez. Carajo.

En fin.

Tendría que terminar el presente post con una reflexión de acuerdo a la seriedad de sus desvaríos, ¿cierto? Hum... Ya: Si la vida te da limones, cámbialos por mandarinas. Dios, hoy ando más dispersa que de costumbre.

Ahora me voy, porque tengo que terminar de leer un libro cuya adaptación cinematográfica se estrena mañana.

PD. Si alguien además de mí lee esto, me disculpo porque no tiene ningún sentido.
PD2. Para compensar, vean este video sobre el iPad.
PD3. Mi habitación se ve exactamente igual a la imagen.
PD4. Ya sé que el título es un sinsentido.

4 comentarios:

GreCas dijo...

Comparto tu gusto por la papelería, la mayoría de las veces salgo con algo que no necesito.

Por cierto, me agrado eso de si la vida te da limones, cámbialos por mandarinas...yo estoy en la fase "haz limonada"......

actvservidor dijo...

Conozco a más de una mujer a la que le vuelven loca las librerías, en serio pensé que eran las dos únicas en el mundo... cosa de locos eso, no lo entenderé nunca XD

Saluotes!

PD. No hay problema, disculpada.
PD2. Nu tengo yutú =(
PD3. Ah caray.
PD4. Y qué más dá, sigue siendo bueno leerte.

Etiqueta: Experiencia, uhhmmm, ¿y eso donde queda?, Es un colage

Momo dijo...

Grey: Ya me caes bien, sister.

Servidor: Jajaja, tus etiquetas son geniales. (Anatevka es el lugar donde sucede la historia de "El violinista en el tejado".)

Frédéric dijo...

Pues... me gustó la imagen

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